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Corbyn pedirá un segundo referéndum sobre el Brexit si le fuerza su partido

El líder laborista Jeremy Corbyn, este domingo, en Liverpool. HANNAH MCKAYREUTERS

A los coros de “Oh, Jeremy Corbyn“, el líder laborista caminó sobre las aguas en el festival de Glastonbury. Quince meses después de su “milagro” electoral, el grito que le persigue es este otro: “¿Dónde está Jeremy Corbyn?”. La desaparición en combate en pleno fragor del Brexit, el escándalo del antisemitismo y sus prolongados silencios han terminado pasando factura al controvertido líder de la oposición, incapaz de sacar partido de la insoportable debilidad de Theresa May.

La líder conservadora vuelve de hecho a ganarle con creces (46% a 37%) ante la pregunta ineludible: “¿Quién sería mejor Primer Ministro?”. Dos de cada tres británicos reconocen su antipatía por Corbyn, mientras que el apoyo a su mandato ha caído de un 71% a un 48% entre los propios votantes laboristas, según un reciente sondeo de Ipsos MORI.

Corbyn está perdiendo cuerda, y hasta las bases que le auparon a lo más alto cuestionan ahora su labor y no le perdonan su calculada ambigüedad hacia el Brexit. El 85% de los militantes laboristas respaldan a estas alturas la convocatoria de un segundo referéndum sobre la UE y pueden forzar a su propio líder a dar un volantazo en la conferencia del partido que se celebra estos días en Liverpool.

“Fui elegido para empoderar a los miembros del partido, y si la conferencia toma una decisión actuaré en consecuencia”, ha reconocido el propio Corbyn al Sunday Mirror, no sin antes admitir que no está aún convencido de la necesidad de un segundo referéndum y que la mejor forma de resolver el embrollo es “convocando unas nuevas elecciones generales”.

Pero la presión sobre Corbyn va a más. Su número dos, Tom Watson, ha sido el primero en advertirle en público: “Si los militantres laboristas deciden que hay dar una nueva oportunidad al pueblo para pronunciarse sobre el acuerdo del Brexit, tenemos que respetar esa visión y defenderla con argumentos”.

El alcalde de Londres Sadiq Khan y el ex secretario de Exteriores David Miliband rompieron ya la baraja en la antesala de la conferencia de Liverpool, mientras el ex premier Tony Blair se sumaba a una “misión” diplomática a favor del segundo referéndum en Europa. Pero quien más ha hecho por poner la patata caliente sobre la mesa de Cobyn es Chuka Umunna, considerado en su día como el “Obama británico”, recuperando posiciones tras el impulso logrado en los últimos meses por la campaña Peoples Choice.

Umunna ha sido vinculado a las maniobras para la creación de un nuevo partido centrista y pro-europeo. El diputado laborista ha negado los rumores, pero se ha quitado al mismo tiempo el guante antes Corbyn, a quien ha acusado abiertamente de permitir “el racismo institucional” dentro del Partido Laborista.

Las declaraciones de Umunna han vuelto a agitar las aguas del antisemitismo, que tanto han contribuido a hundir la imagen del líder laborista en los últimos meses. Lo que empezó como una tantas campañas anti-Corbyn urdidas periódicamente por la prensa conservadora, acabó convirtiéndose en un rosario de acusaciones desde la influyente comunidad judía británica, que calificó a Corbyn como “un peligro existencial”.

El detonante fue el apoyo que dio en su día Corbyn a un mural en el este de Londres en el que podía verse a un grupo de banqueros judíos jugando al Monopoly de espaldas a los pobres. La diputada laborista Luciana Berger se tomó el asunto como una cuestión personal y no cejó hasta lograr una disculpa pública por parte del líder laborista, inundado de pronto por una sucesión de episodios antisemitas dentro del partido.

La gota que colmó el vaso llegó en plena canícula, cuando The Daily Mail difundió las fotos de Corbyn participando supuestamente, en el 2014, en un acto en homenaje en Túnez a los terroristas que causaron la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972. En el mismo acto, el entonces diputado laborista aparecía fotografiado junto a Maher al-Taher, líder del Frente Popular para la Liberación de Palestina.

Atrapado entre la espada y la pared, entre cómo lidiar con la cuestión del antisemitismo y cómo proteger la libertad de expresión en el debate sobre Israel y Palestina, Jeremy Corbyn reaccionó tarde y mal, criticado por permitir que la visión de una facción radical se instale como la visión oficila del partido.

Corbyn sigue contando con el salvavidas de Momentum, el movimiento interno surgido tras su ascenso contra todo pronóstico en las elecciones internas del 2015, cuando dio la campanada frente a los candidatos oficiales a la sucesión de Ed Miliband. Momentum acudió al rescate de su líder un año después, cuando sus propios diputados laboristas respaldaron una moción de censura y Corbyn tuvo que recurrir a la bases para revalidar su mandato.

Su más que discreto papel durante el referéndum de la UE devaluó por completo su imagen, pero su inesperada “remontada” de 2017, cuando Theresa May convocó elecciones anticipadas con la vana esperanza de afianzar su mayoría, contribuyó a alimentar la leyenda y a aupar su visión de izquierdas como una creíble alternativa.

Su eterna ambigüedad ante la salida de la UE, sin embargo, le ha impedido desde entonces ejercer una auténtica oposición. La mayoría de los británicos no saben a estas alturas en qué se diferencian el Brexit que propone May del Brexit que defiende Corbyn, reacio de entrada a defender la permanencia en el mercado único o en la unión aduanera. Público y notorio ha sido también el enfrentamiento de Corbyn con Keir Starmer, su portavoz para el Brexit, que estuvo a punto de tirar la toalla por la indefinición de su líder.

Si algún mérito ha tenido sin embargo Corbyn, ha sido sin embargo el de ganar apoyos entre la gente joven y volver a hacer “cool” al Partido Laborista. Pese a las dudas sobre su líder, los británicos siguen dando un relativo voto de confianza al Partido Laborista, a cuatro puntos de los conservadores en las últimas encuestas (36% a 40%), aunque virtualmente empatados a lo largo del último año.

“El laborismo como marca está fuerte“, certifica Gideon Skinner, director de análisis político de Ipsos MORI. “Pero lo cierto es que todas las ganancias que Corbyn consiguió en las últimas elecciones se han diluido en este último año”.

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