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Arabia Saudí celebra las mayores "olimpiadas" de camellos del mundo

Más de 11.186 animales han participado en el acontecimiento

El evento ha durado 40 días y repartido unos 12 millones de euros en premios

El reino saudí celebra este domingo su día nacional con un récord del que presumir ante sus países vecinos. El festival de camellos en honor al príncipe heredero, el treinteañero Mohamed bin Salman, ha pulverizado registros de participación y se ha convertido en el mayor acontecimiento con camellos del mundo.

El hito, certificado por la organización de los Guinness World Records, ha reunido durante cuarenta días, desde el pasado 11 de agosto hasta este sábado, a 11.186 camellos que han demostrado sus “habilidades deportivas” en 787 pruebas repartidas en cuatro fases.

Y es que el festival es, en realidad, un torneo deportivo al uso. Unas olimpiadas de rumiantes. Los animales han pasado por rondas de calentamiento, carreras e incluso maratones. Los acontecimientos más transcendentales han acaecido los fines de semana. Como la propia clausura, a la que asistió el heredero al trono saudí, el urdidor de un plan de ambiciosas e inciertas reformas que trata modernizar un país adicto al petróleo.

Ante su presencia, el festival procedió a la entrega de premios. En total, el acontecimiento ha repartido durante esta edición la cifra también récord de 53 millones de riales saudíes (unos 12 millones de euros). A la competición, se han sumado camelleros procedentes no solo de los confines de Arabia Saudí sino también de otros países árabes y el golfo Pérsico.

Durante el mes de pruebas, los asistentes han podido disfrutar de una larga oferta de actividades paralelas como talleres educativos y eventos culturales y de ocio relacionados con la figura del rumiante, todo un símbolo de la otrora vida nómada de los habitantes de la península arábiga.

El reino se ha propuesto recuperar y potenciar una tradición, regada ahora por los petrodólares. El pasado enero se celebró otro de los festivales de camellos del país, dedicado al difunto rey Abdelaziz. Una de sus pruebas más singulares es el concurso de belleza que busca los ejemplares hembra más llamativos conforme a un canon que valora especialmente las orejas pequeñas y los labios gruesos.

Un furor que se ha convertido en un quebradero de cabeza para los organizadores por el uso prohibido de botox y cirugía estética. “Hay muchos y variados requisitos. Miramos la altura de la camella. La cabeza, la boca y la nariz deben ser grandes. Los labios deben ser también de grandes proporciones, con el inferior ligeramente caído. Las mejillas deben ser amplias y largas. El cuello tiene que ser delgado y largo. El color debe ser homogéneo sin manchas. El animal puede tener varias tonalidades pero nunca mezcladas”, explicó a este diario uno de los organizadores el pasado invierno.

No es el último récord que han firmado las autoridades saudíes este fin de semana. Con motivo de la celebración de su fiesta nacional número 88, hasta 990.000 fuegos artificiales cruzarán este domingo el cielo de una veintena de ciudades del reino en un espectáculo que persigue superar al logrado por Filipinas durante los festejos de año nuevo de 2016, cuando la cifra alcanzó los 810.000.

“Hemos trabajado en esto solo durante dos meses aunque un programa de este tamaño hubiera requerido de ocho meses a un año. Los fuegos artificiales han sido fabricados y transportados desde todos los rincones del planeta”, se jacta Phil Grucci, propietario de la empresa de pirotecnia que ha creado un espectáculo en el que están involucrados hasta 250 expertos y para el que se han empleado 500 toneladas de productos pirotécnicos trasladadas a bordo de siete aviones y cuatro barcos.

Como parte de la demostración de poderío, la bandera nacional saudí será dibujada en el aire con la ayuda de unos 300 drones en un acto organizado por la federación saudí de ciberseguridad y programación. La enseña -de 400 metros de largo y 350 de largo- lucirá la espada y la “shahada” o profesión de fe islámica.

Arabia Saudí se halla inmersa desde el pasado año en un programa de reformas liderado por Bin Salman, de 33 años, e hijo del actual monarca Salman. Su apuesta por mejorar la desacreditada imagen exterior de un país cuya ideología de Estado es el wahabismo -una radical interpretación del islam que ha sido caldo de cultivo de organizaciones como Al Qaeda o el autodenominado Estado Islámico- ha estado, sin embargo, jalonada por una campaña de arrestos de activistas y una purga que ha afectado incluso a los miembros más díscolos de la vasta familia real.

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